Testimonio / Boonjira Tanruang



 

Boonjira está casada, no tiene hijos y vive en Bangkok. Es de la ciudad, aunque para trabajar con los campesinos de la cooperativa va a menudo al campo y se mueve por todo Tailandia. Estudió comunicación en la universidad de Bangkok y luego pudo ir a estudiar a Australia un master en gestión. Cuando terminó su formación, trabajó en una agencia local de publicidad y también para una revista de turismo, hasta que entró a formar parte del equipo de la cooperativa Green Net, hace cuatro años.

Nos explica cómo es la situación de la agricultura en Tailandia, donde tres cuartas partes de la población vive en el campo y más de la mitad trabajan en la agricultura. La mayoría son pequeños propietarios que disponen de unas tres hectáreas de tierra para cultivar. Y las principales cosechas son arroz, maíz, soja y hortalizas. Con el trabajo del campo, un campesino gana una media de 100 euros al mes.

Al hablar sobre el Comercio Justo, nos dice: “Nuestra cooperativa se dedica al Comercio Justo desde que empezó, hace 12 años, porque así se pueden garantizar precios dignos a las familias campesinas, permitir que vivan del trabajo de la tierra, y mejorar sus vidas y la de su comunidad. Como saben el dinero que van a recibir por sus cosechas, tienen mayores oportunidades de decidir sobre la producción y la comercialización, aunque siempre trabajamos garantizando que parte de los alimentos sea para su propio consumo. Además, trabajamos con los principios de la agricultura ecológica y esto supone que consuman productos más sanos y vivan en un entorno más saludable y con respeto al medio ambiente”.

Además añade:  “La principal desventaja del Comercio Justo es que es un mercado pequeño, que crece poco a poco y que tiene dificultades. Por ejemplo, es complicado conseguir el certificado internacional FLO de producto de Comercio Justo, y ahora que lo tenemos, nos pasa que pagamos a los campesinos según estos estándares, y luego sólo podemos vender la mitad en el mercado de Comercio Justo. El trabajo en el campo es el mismo, no es más duro, aunque al principio, para poder cumplir con los criterios, sí que hay que invertir más”.

Gracias a los ingresos dignos que les supone la venta de sus productos, las familias crean comités comunitarios para gestionar un fondo que utilizan para lo que decidan, como construir sistemas de riego. Por otro lado, las familias pueden pagar sus deudas y luego algunas compran las tierras que antes arrendaban o compran vacas que también les sirven para fertilizar la tierra con el estiércol.

La cooperativa Green Net se creó en 1993 para apoyar a familias de pequeños productores a trabajar con los principios de la agricultura ecológica. Al principio empezó con un grupo pequeño de campesinos y la cooperativa fue creciendo: ahora tiene unos 1.500 miembros que cultivan unas 4.000 hectáreas en toda Tailandia. Luego, aunque ya producían con los criterios del comercio justo, llevó un tiempo conseguir el certificado FLO para poder entrar en el mercado de comercio justo internacional. El principal producto es el arroz (blanco e integral), que junto al maíz, exportan a través de comercio justo. También cultivan hortalizas, coco, piña, aloe vera y hierbas medicinales, pero estos productos los venden en el mercado local.

“Para aseguran una producción de calidad y con los criterios de comercio justo” explica Boonjira, “llevamos a cabo programas de control de calidad desde hace tres años y los técnicos de la cooperativa trabajan en la formación de las familias campesinas en este proceso de mejora de la calidad. Para cumplir con los criterios de comercio justo tenemos los inspectores del certificado FLO. En Tailandia la gente come mucho arroz (en el desayuno, la comida y la cena), y solo poca gente puede pagar un poco más por un alimento básico. Por esto es importante exportar y buscar nuevos mercados. Ahora el mercado de comercio justo supone el 31% de nuestras ventas y lo que nos compra Oxfam es el 9,15% de lo que vendemos”.

Fotografías y Texto: IO
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