Testimonio / Alice Mumbua

Alice Mumbua lleva 15 años trabajando para Bombolulu – comenzó en 1993. Bombolulu le ayudó a seguir adelante en la vida y de hecho, si no tuviera este trabajo probablemente no habría tenido la posibilidad de llevar una vida digna y autónoma. El gobierno de Kenia no apoya económicamente a los discapacitados, así que las organizaciones tal como Bombolulu son las únicas que permiten a los discapacitados ganarse la vida.

Bombolulu decide cuál de los talleres es el mejor para cada uno basándose en sus capacidades y sus limitaciones. La mayor parte de los trabajadores son ciegos, mancos o tienen problemas médicos serios. Los sordos trabajan principalmente en la industria textil o en talleres de movilidad. Cuando llegó, Alice recibió una formación en bisutería de seis meses y estaba tan nerviosa que su trabajo no iba a cumplir con los estándares que sus manos no dejaban de temblar, pero trabajó mucho y su autoestima creció.

Ahora se siente como en su casa con sus compañeros de trabajo. Vive en el sitio mismo con dos niñas adoptadas. Fue su familia la que le dio la custodia de las niñas, para que pudiera sentirse como los demás.

La jornada laboral comienza a las 7:30 por la mañana y la hora de comer es a las 12:45. En la tarde, empiezan a las 2 y terminan a las 5, así que es una jornada completa de ocho horas. Los trabajadores a veces hacen horas extras, si hay muchos pedidos. El salario de Alice es fijo, lo que le permite vivir dignamente – come carne aproximadamente una vez por semana y sus niñas desayunan con gachas de cereales con leche. Eso es una suerte ya que en Kenia, la leche es muy cara.
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