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La inversión más golosa de la crisis

chocolate La inversión más golosa de la crisis

El mercado del cacao ha desatado el apetito de los ‘tiburones’. Un inversor compró en julio el chocolate que Europa consume en un año y disparó el precio de esta materia prima. La burbuja cacaotera es el último pasatiempo de los especuladores.

16 de julio. Mercado de Futuros de Londres (LIFFE). Orden de compra de 241.000 toneladas de habas de cacao. El coste de la operación -720 millones de euros- descarta a cualquier gigante de la industria chocolatera. La maniobra parece firmada por un fondo de inversión especulativo…. Al poco salta un nombre, dos: Armajaro Holdings y Anthony Ward, el de un ‘hedge fund’ británico y el de su gerifalte al frente.

Todo cuadra. Anthony Ward, presidente de Armajaro Holdings, es un viejo conocido de la City: el especulador de las operaciones espectaculares. Una fama merecida desde que en 2002 compró 204.000 toneladas de cacao y se embolsó de una tacada 40 millones de libras. La estrategia de su operación de julio es la misma: acaparar el mercado de cacao y esperar a que suba el precio para forrarse. En esa misma jornada de cotización, Ward ya consiguió que el cacao se revalorizase un 0,7%, hasta alcanzar su precio más alto desde 1977.

Las cuentas claras y el chocolate espeso. El chocolate está más ‘caliente’ que nunca. Aparte de la astucia de este viejo zorro de las finanzas británico, lo cierto es que el cacao es un producto emergente. En los últimos tres años, su precio se ha duplicado. Hasta pensar que se trata de un regreso a la antigüedad, cuando el chocolate funcionaba como moneda de cambio entre los pueblos por su alta consideración.

El humilde cacao compite desde que empezó la crisis junto al oro o el platino como valor refugio. En la víspera de la Navidad de 2008, este fruto cotizó a su nivel más alto en los últimos 23 años y se convirtió en la materia prima más lucrativa del año, con una revalorización en bolsa del 70%. El chocolate se ha convertido sin duda en una de las inversiones preferidas de los especuladores pero ¿por qué?

Como el petróleo, el cacao se encuentra en muy pocos países, en menos de una decena repartidos entre África, Latinoamérica y Asia, y que concentran el 90% de la producción mundial. Algo que se traduce en un mercado en el que concurren pocos vendedores y no más compradores, pues la tarta del negocio chocolatero se lo reparten a nivel mundial un puñado de firmas (Nestlé, Kfraft, Cadbury, Ferrero…). Y estos ingredientes son los necesarios para que el precio del cacao esté sometido a una alta presión en función de la evolución de la oferta y la demanda del producto.

Cacao ‘burbujeante’. Aún así, la burbuja cacaotera sería imposible sin los especuladores que en el mercado de futuros llevan varios años apostando –y acertando- que la producción de cacao será inferior a la demanda en cada ejercicio. Unas tensiones alcistas sobre el precio de este fruto que ha desencadenado la guerra del chocolate, con operaciones o intentos de concentración en la industria de la alimentación como botón de muestra. Maniobras para defenderse en el mercado que han reportado cero beneficios a los cultivadores de las mazorcas de cacao.

Y algunos dudan de que lo haga en el caso de Anthony Ward. El éxito de su último ‘golpe’ dependerá de si el previsible aumento de la demanda mundial de chocolate por la salida de la crisis coincide con unas cosechas de cacao paupérrimas, mermadas por la climatología adversa o las temidas plagas que afectan a los árboles de cacao… En ese caso, Anthony Ward tendría derecho como activo comprador de opciones en el mercado de futuros a vender su producto a una cotización casi a la carta. Y ganaría la partida.

Se habría consumado así la “conspiración chocolatera”, que otros creen imposible porque “todos los informes señalan hacia una recuperación de las plantaciones de Costa de Marfil”, según ha indicado el presidente de la Organización Internacional de Comerciantes de Cacao, Laurent Pipitone. Si fuera así, Anthony Ward, el Willy Wonka de las finanzas, buscaría la forma de compensar las pérdidas con una nueva operación manipulando los precios en el mercado alimentario, donde estos tiburones actúan con impunidad incluso después del estallido de la crisis financiera global, que no ha servido de momento para que los gobiernos se decidan a lanzar un arpón neutralizante contra estos voraces escualos.


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